Si hay algo que me encanta del popular programa Operación Triunfo no es otra cosa que las intervenciones de Risto Mejide. Es sin duda el personaje clave del programa, el que pone el interés al cotarro. Sin embargo, paradojicamente, es el más odiado a la vez y cada vez que da su opinión es muy normal escuchar los abucheos de gran parte del público asistente al programa, sus detractores. Es igualmente muy común oír por la calle a la gente, generalmente, maldecir a Mejide, por no decir otras cosas más soeces. España es así, un país donde el paternalismo y el elogio terapéutico gusta mucho y se practica con pasión. No hay más que ver la que se monta en las localidades de origen de los participantes del programa cuando se acercan a la final. Si el chico o la chica es de Fuengirola, por ejemplo, ahí está Fuengirola en la calle, con pancartas de apoyo incondicional, aunque el concursante paisano cante igual que una rata atrapada en una puerta. No importa, es paisano y hay que apoyarlo. Qué importa que no sepa cantar.
Lo cierto es que el provincianismo ridículo que todavía existe en nuestro bendito país se muestra en todo su esplendor en ese programa.
¿Y por qué me gusta Risto Mejide?
Me gusta porque, haga un papel o no, dice verdades como puños y mientras los demás miembros del jurado andan con paños calientes para no herir sensibilidades, Risto Mejide pasa olímpicamente de hipocresías y de manera contundente les pone los pies en la tierra a esos simulacros de cantantes que, año tras año, revientan gloriosos temas musicales sin piedad e impunemente. Y lo hace por su bien. Más vale que no se sientan estrellas de antemano y después sea mucho peor. Risto Mejide es el contrapunto al ridículo paternalismo provinciano que emana de el españolito generalmente.
Ser artista de verdad no es fácil, la vida real es dura, implacable, despiadada. Y eso es lo que les hace ver Risto Mejide a tantos y tantos candidatos a karaokes de boda que pretenden llegar al Olimpo Musical.
Los paños calientes, la mano por encima del hombro, la hipocresía en definitiva, hace mucho más daño al cabo que las realidades, aunque sean muy duras de escuchar. Por eso me gusta Risto Mejide o el papel que ejerce en ese programa o lo que representa násicamente. Me encanta cuando flagela verbalmente a esos niñatos victimistas, privilegiados en realidad, que con las cámaras de testigo, lloran y se quejan de su perra vida. Esos proyectos de vocalistas de orquesta de feria que maldicen su suerte porque los nominan. O los que achacan a su condición de homosexual el motivo por el que son invitados a abandonar la academia, clamando al cielo amargamente porque tienen más en cuenta esa tendencia sexual que su gran talento y a las primeras de cambio están de tertulianos en cualquier programa basura.
Pero la sociedad es paternalista por naturaleza y repudia a los “Ristos Mejides” en todos los ámbitos. Gusta el pasteleo, gusta el compadreo, gusta mucho más tapar la boca al que dice verdades o satanizarlo y echar el brazo por encima al criticado, regalándole el oído con mentiras piadosas, instalando incoscientemente en su mente una bomba de relojería que tarde o temprano reventará.
He podido leer un artículo publicado hace unos días en ABC por José Félix Machuca. El artículo se titula: “Jiménez vete ya”. En este, el Sr. Machuca, saca de una manera brutal los “tanques verbales” a la calle e insulta sin pudor a la inteligencia de muchos de los que solemos leer sus artículos y que los seguiremos leyendo. Entre otras lindezas, Machuca dice refiriéndose a Manolo Jiménez:
“Me iba lejos de aquí. Muy lejos de aquí. Lejos de donde naciste, te criaste y alimentaste un corazón y muchas ilusiones para ofrecérselo a los tuyos. A cambio solo de que te quisieran”.
Ojo, dice que a cambio SOLO de que le quisieran, como si hubiera trabajado gratis. Sr. Machuca, el Sr. Jiménez ha cobrado este año 900.000 euros que son aproximadamente 150 millones de pesetas. No digo que no lo merezca, porque ha trabajado y tiene un contrato. Pero deje el victimismo que no somos tontos, hombre.
Compara una situación normal de crítica y de expresión dentro del fútbol con los motivos que llevaron a personas como Luís Cernuda, Blanco White o Mateo Alemán a dejar Sevilla. Patética comparación. Yo creo que Machuca, cuando haya recapacitado, se habrá dado cuenta de la burrada.
Pero el victimismo en su máximo esplendor y el comentario más desgraciado del artículo con diferencia es cuando dice y se queda tan pancho:
“la Sevilla que no lo quiere porque es un cateto del Arahal”
Si tengo oportunidad, Sr. Machuca, le presentaré a mi gran amigo Manuel García Brenes, paisano de Jiménez, sí, del Arahal. Un señor que tiene una empresa próspera, creciendo día a día, incluso por países de sudamérica. Y le preguntaremos si en Sevilla no se siente querido por ser un “cateto de Arahal”. Es un enorme sevillista y su padre, al que conocí durante una agradable velada en la pasada feria, también lo es. Otro cateto de Arahal Sr. Machuca, querido y respetado en nuestra ciudad.
¿De verdad se cree usted esa patraña de que los sevillistas que no comulgan con el quehacer de Jiménez lo hacen porque es un “cateto del Arahal”? No lo hacía yo a usted un victimista Sr. Machuca y menos siendo de profesión periodista.
El Sr. Machuca, al que aplauden hasta reventarse las manos desde púlpitos sectarios, llega finalmente a la conclusión, a la brillante conclusión, de que los sevillistas que opinamos que no nos gusta Jiménez como entrenador del Sevilla y así lo expresamos, somos esa Sevilla que espantó a Santa Teresa, la que encarceló a Cervantes, la que echó a un homosexual hijo de militar, la que hizo que se exiliara Luís Cernuda o Blanco White. ¿Qué se fumó usted D. Félix antes de vomitar esa porquería de artículo?
No se puede caer en el ridículo más espantoso. Cuando Manolo Jiménez era el lateral izquierdo de nuestro equipo, la unanimidad del sevillismo con respecto a su valía era total. ¿No era entonces un “cateto del Arahal”? Porque digo yo que esa Sevilla “malvada” de la que habla Machuca en su artículo ya existía entonces y sin embargo todos reconocíamos la labor de Jiménez. Pero ahora, como entrenador, es otro cantar y somos muchos los que no comulgamos con el victimismo y el paternalismo terapéutico Sr. Machuca.
Estos voceros del victimismo, que disimulan con su actitud sus intenciones, son elementos que inconscientemente hacen apología del odio. El artículo de Machuca rezuma intolerancia por los cuatro costados cuando en realidad y supuestamente él quería criticar eso precisamente, la intolerancia con Jiménez. Porque los sevillistas que critican al entrenador no hablan de los que lo apoyan. Pero los que lo apoyan sí hablan de los que lo critican. Ahí radica la diferencia. Yo hablo del entrenador de mi equipo porque es una figura que está expuesta a ello. Pero me trae sin cuidado el señor que se sienta a mi lado en el estadio, aunque lleve tatuado en el pecho una imagen de Jiménez.
Sr. Machuca, por favor, no llame usted “mezquinos” a sevillistas que opinan, aunque lo que opinen no le parezca a usted de recibo. Sí Machuca, opinar, una palabra que, cómo periodista, debería ser sagrada para usted.
Y para terminar, volviendo al tema del principio del post, a Jiménez, el jurado del club le ha dicho que puede seguir otro año más en la academia. A mí no me gusta la decisión. Tengo mi opinión al respecto y ya la he dado en muchas ocasiones. Ni la voy a repetir ni he cambiado de parecer. No creo que sea serio, entre otras cosas, que un gol en el minuto 90 cambie una opinión cimentada en el análisis de una trayectoria. Por eso, me habría parecido igualmente injusto que si Perotti no acierta en ese minuto a introducir el balón en las redes del Deportivo, hubiera peligrado la continuidad de Jiménez, porque el trabajo estaba hecho y ya no tenía nada que demostrar, ni para mal ni para bien. Y la decisión de que no abandone la academia no es una decisión espontánea, surgida por el gol de Perotti, claro que no. Hay muchas razones que para el cuerpo directivo han pesado mucho a la hora de tomar la decisión. El gol de Perotti ha sido en definitiva el aval perfecto para acomodar esa decisión.
Jiménez es el entrenador ideal para el modelo de club que tiene en mente el presidente y también Monchi. Ya he comentado en otra ocasión que la figura del entrenador no es fundamental en esa filosofía de club y sí un diente más de un engranaje que hace funcionar a la maquinaria. Un entrenador de la casa, con lo que eso conlleva. Un entrenador que nunca sacará los piés del tiesto con declaraciones incómodas para el consejo. Un entrenador que no cobrará una ficha demasiado alta. Un entrenador al que el presidente podrá citar en su despacho cuantas veces quiera para marcarle directrices. Y para que la empresa tenga éxito, este entrenador debe ser arropado continuamente por los demás dientes del engranaje. Por ello vemos a jugadores emblemáticos, pesos pesados de la plantilla, opinando sobre la continuidad de Jiménez de forma positiva. ¿Imaginan a esos pesos pesados diciendo que Jiménez no debería seguir? Al fin y al cabo sería lo mismo, es decir, opinar sobre algo que no les incumbe y sobre lo que no deberían pronunciarse.
Sin embargo yo opino, es mi opinión particular, que Jiménez no ha demostrado en estos casi dos años ningún valor de interés como entrenador, ningún valor estratégico. Creo que no ha crecido ni progresado futbolísticamente hablando y que ha sido constante su propuesta de fútbol gris e inconexo. No considero un gran éxito el tercer puesto. Tal y como ha transcurrido el campeonato y teniendo en cuenta el momento actual del Sevilla, clasificarnos para liga de campeones era más una obligación que un sueño. Es más, deberíamos haber evitado la incertidumbre hasta casi el final y haber amarrado mucho antes el puesto tercero.
Repito, es mi opinión y posiblemente pueda estar equivocado para muchos. Lo respeto. Yo respeto la opinión de todo el mundo.
Sigue Jiménez el año que viene. Pues muy bien. En cuanto pongan a la venta los abonos iré a renovar el mío y el de mis hijos y el año que viene a hacer lo que he hecho siempre que no es otra cosa que seguir a mi equipo, el Sevilla Fútbol Club. ¿Con Jiménez? Por supuesto, aunque los intolerantes de turno animen a los críticos con Jiménez a no renovar el abono el año que viene porque sobramos. Yo sin embargo animo a todos a renovarlo porque no sobramos ninguno.
Y acabo con algo para el presi, para que no se diga.
Sr. Del Nido, si de algo estoy, o estaba, orgulloso plenamente es de la supuesta y perfecta estructura deportiva del Sevilla actual. Siempre he querido pensar que la opinión de Monchi en el terreno deportivo pesaba definitivamente en cualquier decisión y que usted la respetaba y hacía valer, aunque su opinión fuera otra. Resultó igualmente muy ornamental para la sociedad Sevilla Fútbol Club, ese loable gesto democrático de reunir al consejo en pleno para que diera su opinión sobre el asunto Jiménez. Sin embargo, al día siguiente, los periodistas le ponen a usted unas alcachofas delante y suelta la siguiente frase:
“Pueden estar ustedes seguros de que si el presidente no estuviera convencido Jiménez no seguiría”.
Sinceramente José María, ¿no crees que sobraba la fracesita?
Junio 1st, 2009
Ayer el Pura Sangre cabalgó libre y sin ataduras de ningún tipo por la pradera verde de Nervión. Ayer no hubo lastres en sus alas y el verdadero potencial que alberga nuestro equipo se hizo fútbol eléctrico, fútbol rápido, fútbol bonito. Patochadas en definitiva.
El Mallorca también se sumó a la fiesta, todo hay que decirlo.
Cuando veo al Sevilla jugar al fútbol como ayer, con esos dos atacantes de primer nivel, que atemorizan defensas, me pregunto a qué juega Jiménez cuando pone plomo en sus pies con decisiones cobardes, tal y cómo ha hecho en muchos partidos.
Partidos como el de ayer no son más que la razón evidente de por qué, estando terceros, gran parte de la afición no cree en Jiménez. Es solo cuestión de mirar las cosas desde un prisma conformista o desde un prisma ambicioso. Es cuestión de analizar todos los pormenores de un período y no entrar en el absurdo de ceñirse al último partido. Es cuestión de analizar las cosas desde un prisma frío y objetivo, tal y cómo siempre he pretendido hacerlo en este blog. Porque aquí lo único que hago es escribir lo que pienso realmente en cada momento. Quién quiera opiniones subjetivas, quien quiera mirar la realidad a través de un prisma de color de rosa, no está desde luego en el lugar apropiado.
Soy un convencido de que el ser humano nace con unas cualidades innatas, cualidades que no pueden adquirirse a base de experiencia. Y entre esas cualidades está la inteligencia. La inteligencia es la base fundamental, el motor que genera el poder de convicción. Lo que conocemos como carisma no es más que saber convencer, saber vender confianza, generar admiración. Y esto señores, el que no lo tiene no lo tiene. Así es la vida.
Aprovecho para recomendar un magnífico libro. Quizá el que lo lea pueda comprender mejor la clave de todo. El libro se titula: “Fueras de Serie (Outliers)”. El subtítulo es: “Por qué unas personas tienen éxito y otras no”. Su autor es Malcolm Gladwell, un “agitador cultural” según su propia autodefinición. La obra de Gladwell ha sido número 1 en Estados Unidos.
El bueno de Manolo Jiménez no ha nacido con estrella, eso es obvio. Es de esas personas que tienen que estar día a día intentando conseguir con el verbo lo que sus acciones no consiguen. ¿Por qué? Quizá sea injusto pero la vida en ocasiones tiene este tipo de crueldades con gente muy trabajadora, como sin duda es Manolo, y sin embargo se entrega sin resistencia a otros que, sin más trabajo, disfrutan de ese áurea, de ese revestimiento “mágico” que, no logrando más que el anterior, su trabajo brilla de otra manera. Digamos que son inteligentes y saben dominar la situación, saben convencer.
Muchos esgrimen y enarbolan la bandera de la injusticia y reclaman para Manolo Jiménez el reconocimiento a su labor. Sin embargo una gran parte de la afición, grandísima parte por cierto, sigue pensando que Jiménez no puede ser el entrenador de nuestro equipo. El propio Del Nido, que hasta hace poco lo tildaba como el “Wenger del Sevilla”, realizó el miércoles de feria unas declaraciones que sintonizaban totalmente con esa desconfianza generalizada.
¿Ha sido convencido Del Nido por los que desconfían o realmente él desconfía también?
Buena pregunta. Pero conociendo al presidente me inclino por lo segundo.
Cuando Juande Ramos se marchó del Sevilla pensé que la opción de suplirle con Jiménez era del todo razonable. Ahí tenía el canterano la oportunidad de su vida. Había llegado al lugar que siempre soñó. Pero a partir de ahí tenía que convencer. Su etapa de jugador no valía como aval. Partía de cero. Casi dos temporadas después el debate sobre su valía sigue vivo, más vivo que nunca. Es una realidad palpable. El tercer puesto provisional, prácticamente asegurado según mi opinión, no le redime. No deja de ser interesante la cuestión desde luego.
Decía Ayrton Senna que el segundo era el primero de los perdedores.
En condiciones normales, con los jugadores que tenemos, tras ver el gran partido de ayer, la semana próxima tendríamos que estar en Valencia disputando una final de Copa del Rey. Tendríamos que ser ya terceros matemáticamente y viendo a los finalistas de la Copa de la UEFA no descarto tampoco haber llegado muy lejos en esa competición. Esta es una opinión razonable y nada desproporcionada. Como decía antes, es cuestión de ver las cosas desde el conformismo o desde la ambición legítima.
Pero a pesar de estar tocando con las manos un éxito en liga nada desdeñable, que digo desdeñable, oro puro para la entidad, seguimos a vueltas con Jiménez.
Y lo peor, y Del Nido lo sabe, es que esta sensación de eterna inestabilidad parece inherente al técnico de Arahal. Es así y esto es muy perjudicial para el club. Estoy totalmente convencido de que ese exceso de celo del club a la hora de entronizar las virtudes de Jiménez no ha hecho más que perjudicarle. Estoy seguro de que la forma en que ha entrado al trapo de las críticas, proclamando continuamente sus logros, también ha sido enormemente perjudicial para él mismo. Desde luego la mano izquierda no sabe lo que es y a eso es a lo que me refiero cuando digo que le ha faltado inteligencia para manejar la situación. Lo malo es que ese valor, esa cualidad, no se adquiere. Es de las que traen de serie algunas personas.
El partido de ayer fue para mí el mejor del año, el más vistoso, el más alegre. Fue con creces el mejor partido de Mosquera. No uno más como quieren vender algunos, no. Fue el más completo, el único que ha cuajado con garantía de principio a fin. Así mismo todos los demás jugadores estuvieron a una altura importante. Qué decir de Jesús Navas, Kanouté, Luis Fabiano (un delito dejarlo en el banquillo frente al Madrid), Renato, Palop, Adriano. Si es que disponemos de un equipazo y la etapa de Jiménez es una desquiciante montaña rusa agridulce.
Desde luego es un papelón el que tienen Del Nido y Monchi por delante. Desde luego tengo una cosa muy clara, si el consejo, con el presi y el León a la cabeza, piensan que Jiménez se merece seguir por su forma de trabajar, por su valía, es absurdo esperar hasta el final para ver el puesto definitivo. Es absurdo porque ese factor incontrolable e imprevisible que posee el fútbol puede hacer que un gol en el último minuto, un tiro al palo, un penalti, te sitúe en objetivos o fuera de ellos. Pero no por ello el trabajo realizado merece desaprobación. Si el club está satisfecho con la labor de Manolo considero que debía anunciar su renovación esta misma semana y punto. Pero además un contrato por cinco años. Se terminó el debate.
Si embargo, si el consejo decide finalmente que lo mejor para todos es que Jiménez sea profeta en otras tierras, a pesar de que el Sevilla se clasifique para Liga de Campeones, estoy seguro de que el de Arahal lamentaría haber desperdiciado la oportunidad de su vida, máxime siendo conocedor del enorme potencial que ha tenido en sus manos. Un pura sangre que en demasiadas ocasiones ha cabalgado con grilletes en sus patas.
De todas maneras, como diría Gladwell, hay seres que por más que lo intentan, por más que trabajen, no nacieron para ser estrellas.
Mayo 10th, 2009
Al margen de fruslerías en torno al fútbol, a si Jiménez vale o no vale, a si jugamos peor o mejor, existen valores y razones que sí son las verdaderamente importantes en la vida. Y en esas cuestiones, las que de verdad llegan al corazón, seguro que no existen discrepancias entre unos y otros. En esas cuestiones sí que todos remamos en la misma dirección y esos son los verdaderos valores del ser humano, los que importan, en los que no deben existir fisuras. El fútbol realmente, al lado de esto es como decía una simple banalidad.
Un orgullo para mí que mi club apoye esta iniciativa. Y por supuesto que la organización ANDEX tendrá mi aportación. Será un orgullo para mí y lejos de que nadie tenga que agradecerme nada por ello, creo que es una obligación moral de todas las personas.
Ni Kanouté, ni Luis Fabiano, ni Palop. Las personas anónimas que se entregan a organizaciones de este tipo sí son a los que deberíamos idolatrar.
Mis más sinceras gracias a todos ellos. De todo corazón.
Mayo 7th, 2009
Me atrevo a catalogar la victoria del sábado en el en Estadio del Madrigal cómo una de las más importantes y trascendentales de las conseguidas por mi equipo en sus casi 104 años de historia. Ha sido un triunfo vital de necesidad. Sobre todo de cara al futuro más cercano del club en sí, compuesto, como todos sabemos, de una afición enorme y de una sociedad.
Estoy feliz, muy feliz. Pero sobre todo tranquilo al ver que de nuevo está en nuestras manos el ansiado podio.
Yo soy feliz cuando gana mi equipo. Esté quién esté en el banquillo, esté quién esté en el palco, se enfunde quién se enfunde su camiseta. Eso por encima de todo. Lo digo porque todavía hay algún que otro que piensa que yo soy de los que tienen “que tragar” cuando gana mi equipo. Valientes… Me voy a callar, como diría el Selu.
Sigo
Cuando todo parecía desmoronarse, cuando el equipo daba señales de encefalograma plano, surgió de nuevo el orgullo de la Vieja Guardia y por enésima vez en la temporada salvamos un nuevo match ball. Es la constatación de la Teoría de la Sierra. La trayectoria del equipo durante la temporada ha sido muy regular dentro de su irregularidad. Lo positivo es que en el tramo final del campeonato, en teoría, nos corresponde subir por el siguiente diente porque el descenso por el anterior finalizó en Villareal. Finalmente el colchón de puntos, cuando ya estaba casi en los muelles, nos ha mantenido en esa tercera posición que, como ya decía en el anterior post, es oro puro para la entidad.
Pero si de algo ha servido esta pasada jornada de fútbol en general ha sido para certificar de una manera contundente varias cuestiones que ya se vislumbraban durante el desarrollo del campeonato.
Para mi equipo, el Sevilla Fútbol Club, al que he defendido siempre vehementemente, por el que he sufrido, por el que he gozado, por el que siento de corazón y no porque me dé trabajo, ha sido una jornada positiva en la que se ha podido sacar una conclusión fría y objetiva: el potencial del equipo se ha desperdiciado en muchas, demasiadas ocasiones.
Qué fácil es, o que fácil parece ser, hacer que jueguen los que tienen que jugar y donde tienen que jugar. ¿Verdad Jiménez?
¿A qué han venido los extraños experimentos en tantos partidos? ¿Rotaciones? Señores, en una temporada en la que solo estamos jugando una sola competición no creo que los jugadores tengan motivos para estar cansados. Recuerdo que en la 2006-2007 ganamos UEFA, Copa del Rey y llegamos al final de liga con opciones.
Y es que el partido de Villareal es la prueba definitiva de que Jiménez no ha sabido aprovechar bajo ningún concepto la oportunidad de su vida. Porque la etapa de Jiménez ha sido o está siendo vulgar al máximo. Repetitiva. Cada vez que ha reflejado su verdadera filosofía de fútbol el equipo se ha convertido en vulgar, timorato, cagón. Tras esto, cada vez que por esas decisiones el equipo ha entrado en bache, parece que ve la luz, o se la hacen ver, coloca las piezas bien, en su sitio, y el equipo renace. Así una y otra vez. Por tanto, esa continua y exasperante cohabitación con el filo de la navaja o de la sierra es dañina para el devenir del club.
Sin embargo, es cierto lo que Jiménez dice cuando se defiende como gato panza arriba en las ruedas de prensa. Estamos terceros. Es verdad, estamos terceros. Pero es que salvo el Barcelona, todos los demás equipos han sido un desastre, Me río yo de la liga de las estrellas, de la mejor liga del mundo. Sobre todo al compararla con la Premier inglesa. Y es que finalmente se nos acercó peligrosamente hasta el Málaga. El potencial real del Sevilla, un club estable y sólido como una roca a nivel institucional, saneado a más no poder en el terreno económico, sin problema alguno y con una plantilla de enorme calidad, cobrando sus jugadores religiosamente sus emolumentos, no puede bajo ningún concepto permitir que un equipo como el Valencia, destrozado institucionalmente hablando, arruinado, con una plantilla de viejas glorias -salvo algún que otro crack- sin cobrar durante un largo periplo del campeonato, le amenace la tercera plaza, máxime después de haberle tenido distanciado a un mundo de puntos.
Es que en esta pasada jornada, si gana el Málaga y perdemos en Villareal, el equipo malagueño se nos hubiera puesto a 3 puntos.
Es que si perdemos en Villareal y gana el Valencia salimos de los puestos de Liga de Campeones. Y el Atlético de Madrid se nos habría puesto a 2 puntos. Un Atlético de Madrid que ha vuelto a hacer una de sus patéticas ligas.
Y qué decimos del Real Madrid, un equipo acabado, con una plantilla que no es mejor que la del Sevilla. Nos saca 18 puntos y llegamos a aventajarlo hasta en 7, creo recordar. Desde luego, después de ver lo sucedido en el clásico Madrid-Barcelona, extráigo dos evidentes conclusiones:
1ª Lo que ha hecho Juande Ramos con este Madrid ha sido un milagro. Si antes del clásico tenía mérito, después de verse el universo de distancia que hay entre el Madrid y el BarÇa en todos los aspectos, la labor de Juande adquiere todavía más mérito. Y es que haberle mantenido el pulso al Barcelona durante tantas jornadas, al mejor Barcelona de la historia, en un club como el de la Castellana que está poco menos que podrido por dentro, con una crisis institucional brutal, es para analizarlo detenidamente.
2ª Mi admiración por Pep Guardiola. Vaya entrenador que se ha sacado de la manga, o de La Masía, el Barcelona. Anda que le pudo la presión y dejó en el banquillo a Henry, Messi o Etoó. Anda que se amilanó, pensando en que un empate le podría venir bien. Anda que le pudo el miedo escénico del Bernabéu. Pues así se plantaba el Sevilla hace nada en el Bernabéu, y en el Camp Nou, y ante el Milán, en una final, incluso con el dolor en el corazón tras enterrar a Antonio Puerta unas horas antes. Así miraba a los ojos el Sevilla a sus rivales, por muy poderosos que fueran. Y ahora hinca la rodilla desde el principio, de una manera indigna y humillante, como sucedió con el Barcelona tanto aquí como allí.
¿Pero por qué el Sevilla muestra esas caras tan distintas? ¿A qué se debe?
Me gustaría que algún experto en fútbol me lo explicara. Pero mientras tanto, mientras un experto no me lo explique, yo como simple aficionado me fabrico una opinión, que es mía, al igual que cada aficionado tendrá la suya.
Creo que fue el miércoles de feria cuando Del Nido dejó entrever que el crédito de Jiménez se había agotado o se estaba agotando. Al menos es eso lo que se leía entre líneas al escuchar sus declaraciones. Parece pues que el presi sí ha sopesado lo que una continuidad en el tiempo en estas mismas tesituras le podría acarrear a la Sociedad. Al Sevilla vamos. Igualmente comentó que sopesaría la reacción de la afición al finalizar el partido frente al Real Madrid. Aquél día, una parte de la afición, una gran parte, gritó aquello de “Jiménez vete ya”. Yo no, yo no grité eso. Respeto a quién lo hizo pero yo no lo hice porque, repito por enésima vez, soy muy crítico analizando la situación de mi club pero nunca le he gritado en el estadio.
El equipo gana cuando juegan los mejores y dónde tienen que jugar. El equipo gana cuando sus jugadores fundamentales muestran una actitud máxima, algo que no sucede siempre. Y esa es una labor del entrenador, labor en la que Jiménez es nulo. Nunca se ha percibido esa cualidad en él.
El cisma existente entre aficionados que desean la continuidad de Jiménez y los que no la desean está ahí. Existe. Es un debate que está en el sevillismo. Pero el equipo no gana ni deja de ganar ni por las muestras de adhesión de unos ni por las críticas de los otros. En todo caso estamos viendo que tras una bronca en el estadio el equipo reacciona. Quizá, para el orgullo de los jugadores importantes sea más efectiva la crítica que el halago sistemático. Los jugadores sin orgullo, sin implicación, sin profesionalidad contrastada, pueden hundirse ante la presión. Pero los raciales reaccionan sacando el coraje y nosotros disfrutamos, nuestro equipo disfruta de un gran porcentaje de jugadores con raza.
A mí, no obstante, me parece del todo loable la actitud del sevillista que quiera aplaudir en cualquier situación, que piense que la crítica es negativa siempre y que hay que dar palmaditas en la espalda a los jugadores incluso cuando muestren una actitud indigna. Los respeto. Cada uno que viva su sevillismo como le plazca.
Ahora se nos aclara el panorama, un panorama que era limpio hace un mes y que a velocidad de vértigo se llenó de nubarrones. Nuevamente se despeja el horizonte y de nuestros jugadores y también de Jiménez dependemos. Es fácil, o parece ser fácil. Manolo, sitúa a los que tienen que jugar donde tienen que jugar. No te masturbes mentalmente. No tengas miedo. Tienes en tus manos a un pura sangre. ¿No te has percatado aun?
Y el sábado contra el Mallorca nosotros a lo nuestro, a llenar el estadio y animar. Es lo que podemos hacer, lo que está en nuestras manos.
Es lo que llevamos tatuado en nuestro interior: AMOR DE SEVILLA
Aunque algunos lo llevan tatuado en el exterior también…
Mayo 4th, 2009
He podido escuchar en bastantes ocasiones a José María del Nido decir que él es el responsable máximo de una Sociedad y que cada año debe rendir cuentas a sus accionistas. Igualmente se jacta de que los balances que presenta son positivos. Y en base a ese papel de responsable máximo de los resultados económicos de dicha sociedad, una sociedad llamada Sevilla Fútbol Club, justificó, justifica y justificará las medidas que deba tomar, aunque sean impopulares y sean tomadas sin tener en cuenta el sentimiento de una “afición inimitable”. Sentimiento, qué palabreja más absurda en un mundo tan profesionalizado como el que vende el actual consejo de administración de nuestra sociedad. Perdón, quise decir del club del que soy abonado, porque yo no soy accionista y por tanto no puedo decir de “mí sociedad”.
Efectivamente, son muchas las ocasiones en las que el presidente Del Nido ha cantado a los cuatro vientos, con esa frialdad que le caracteriza y el aval de los resultados económicos, que para poder mantener en la élite al Sevilla, debía gobernar con paso firme, mano dura y de espaldas a la opinión de la afición. Es decir, la profesionalización del fútbol llevada a la máxima expresión. La opinión caliente e ilógica de la afición no puede ser tenida en cuenta. Y en esa clara tendencia ha actuado, sin miramientos y de espaldas a nimiedades como son el sentimiento, la palabra dada o el simple respeto y tolerancia con una afición que ha estado ahí siempre.
Lealtad, respeto, palabra, honradez, elegancia. Términos totalmente ignotos en el mundo del fútbol, un mundo que es una selva llena de especies de animales, dispuestos en todo momento a cazar al débil, sin miramientos, para alimentarse.
Por eso, cuando he visto la parafernalia que se ha montado para recibir al que ha sido el mejor entrenador que ha pasado por el banquillo de una sociedad llamada Sevilla Fútbol Club, no he podido evitar sentir bochorno.
Que Juande Ramos se marchó de una forma nada elegante es cierto. Que faltó a su palabra tras decir que cumpliría su contrato, cierto también. Pero, díganme donde están la elegancia y la palabra en esto del fútbol. ¿Qué es lo verdaderamente importante en el fútbol? Ganar y tener en tu equipo a los mejores, a los que saben ganar. Y dentro de la selva futbolística el que no anda listo se convierte en gacela.
Aún recuerdo como si fuera ayer aquel día en el que Toni Polster fue sustituido en Atocha por Vicente Cantatore y el austríaco tiró la camiseta con desdén. Poco después se marchó, por dinero, al Logroñés de Marcos Eguizabal. Sin embargo, cuando viene Toni Polster al Sánchez Pizjuán se le recibe con todos los honores.
Aún recuerdo como si fuera ayer aquel día en el que Del Nido vendió a Reyes, en mitad de la temporada, jugándonos horas después una semifinal de la Copa del Rey con el Real Madrid. ¿Dinero verdad? Claro, fue por dinero. Hacía falta ese dinero y el Arsenal dijo que tenía que ser en ese momento o en caso contrario ficharía a otro jugador.
Y como estos casos hay infinidad de ellos. Una veces benefician pero casi todas perjudican. Y no pasa nada. Todo lo justifica la Ley de la Selva.
Yo nunca dejaré de pensar que la marcha de Juande Ramos fue permitida de forma indirecta por La Sociedad. La Sociedad debió “amarrar” de todas todas, o mejor, sí o sí, a quien era una pieza clave en su desarrollo brutal. Pero no, no se amarró. Y era un artículo de lujo puesto en un escaparate enorme, a precio de saldo. Era una gacela preciosa.
Y entonces salen los palmerillos de turno a satanizar a Juande Ramos porque no tiene lealtad, ni palabra, ni elegancia. A llamarle pesetero. Bobadas. Estos palmerillos son los mismos que justifican la agresividad del sistema, de espaldas a esos bonitos términos, cuando La Sociedad lo necesita. Es el asqueroso doble rasero que emplean, pensando que todos somos imbéciles. Y cómo decía Maquiavelo: “Se puede engañar a algunos durante algún tiempo pero no se puede engañar a todos durante todo el tiempo”.
En el mundo profesional que predica La Sociedad cada cual tiene su precio. Ese precio lo marca el mercado. Los factores que marcan ese precio en el mercado fluctúan como los valores en bolsa. Un día vales 10 y un mes después tu precio es 2. Cada profesional mira por sí mismo. Cada profesional es una Sociedad que también tiene accionistas. En el caso de Juande Ramos sus accionistas serán su familia. Y a esa familia se debe. Y actúa acorde con la Ley de la Selva también. Y quién no quiera ver esto o está ciego o es un hipócrita.
Yo siento un ataque de celos enorme cuando veo a Dani Alves disfrutar con los goles del Barcelona. Añoro tanto a ese jugador que no puedo evitarlo. Pero de ahí a considerarlo un pesetero porque ha querido mejorar dista un abismo.
Ayer igualmente sentí una rabia enorme al ver a Juande Ramos manejar magistralmente un partido de fútbol mientras que en el banquillo de La Sociedad, un patético Jiménez hacía su enésimo ridículo. No obstante, Jiménez es leal y no falta a su palabra. Y además es muy sevillista. Eso es lo importante.
Y cómo en fútbol se trata de ganar, solo ganar, o al menos eso es lo que venden los que quieren justificar el fútbol inconexo, ilógico y falto de sentido que propone cada dos por tres Jiménez, supongo que será más importante para una Sociedad tener en el banquillo a alguien que sabe como hacer ganar, aunque haya que pagarle lo que vale según el mercado (pesetero para algunos) que a un leal y muy sevillista inútil.
La Sociedad llamada Sevilla Fútbol Club está perdiendo valor o cotización a raudales. Su caché, ese enorme caché que adquirió en los mágicos años 2006 y 2007, se está diluyendo a una velocidad de vértigo. El responsable deportivo máximo de La Sociedad, el querido Monchi, comenta en su entorno que cada vez cree menos en los entrenadores y más en una estructura bien organizada. Ha sido el máximo valedor de Jiménez. Y el máximo responsable de La Sociedad, el que tiene que presentar el balance positivo a los accionistas, ha jugado peligrosamente a no creer mucho deportivamente hablando en Jiménez pero a valorar lo interesante, económicamente hablando, que resultaría un éxito deportivo con un entrenador barato en el banquillo. Ese morbo que supondría ese pelotazo ha sido irresistible. No obstante, supongo que Del Nido a estas alturas, ya se habrá dado cuenta de lo carísimo que le puede resultar a La Sociedad ese barato, pero leal, entrenador. Dilapidar el colchón de puntos que disponía el Sevilla hace un rato, de la manera tan grosera cómo se ha hecho, tirar a la basura esa ventaja es poco menos que pisotear el futuro económico de La Sociedad. Y el responsable, si finalmente esto sucede, es Del Nido.
Se debió dar valor a Juande Ramos en su momento. Ahora se lo dan otros. Ahora lo disfrutan otros. Lo que el Real Madrid de Juande Ramos está haciendo es increíble y el culpable es Juande Ramos. No sé que tiene ese entrenador pero sabe el camino hacia la victoria. Lo conoce, lo intuye y encuentra el éxito. Del Nido, en la época dorada, se emborrachó con los vapores que emanaban de los elogios y los parabienes brindados por su corte de pelotas y pensó que, realmente, era él el Rey Midas. Pensó, o se arriesgó a querer pensar, que aquella máquina de hacer fútbol sería eterna mientras él representara a La Sociedad. Quiso creer a los que le besaban los pies y arrojaban pétalos de rosas a su paso, proclamándolo el motor único de aquel fantástico mecano que se había construido. Se endiosó o lo endiosaron. Pero no, con el paso del tiempo ha comprobado que algunas cosas a las que toca no se convierten en oro y que por mucho que pone la mano en el hombro de Jiménez, este no encuentra el tesoro. “¡Qué extraño!”, pensará el presidente, “si con Juande lo logré”. Desconozco, no obstante, si Del Nido se habrá parado a pensar en la posibilidad de que fuera él el que se convirtió en oro cuando tocó a Juande Ramos.
Queda tiempo para remediar lo que podría ser fatal para La Sociedad. El tercer puesto es vital. Confiemos en …
Abril 27th, 2009
Cuenta la mitología griega que Sísifo fue capaz de engañar a Tánatos, dios de la muerte plácida, cuando este fue a recogerle porque había llegado su hora. Sísifo, que era avaro y mentiroso, tenía como mayor deseo no morir nunca, algo que quería conseguir a cualquier precio. Por ello se reveló ante Tánatos y logró poner a este último grilletes, dejándolo inmóvil, consiguiendo así no solo permanecer vivo él, sino que provocó también que nadie muriera, porque el dios de la muerte había quedado inutilizado. Pero ese era un orden ilógico del caminar y por eso Ares, que era el dios olímpico de la guerra y la personificación de la fuerza bruta y la violencia, liberó a Tánatos y puso bajo su custodia al rebelde Sísifo.
Pero Sísifo, que era una auténtica gotera, todavía no había agotado sus recursos. Fijarse bien -cómo diría el otro- la que montó para seguir vivo. Resulta que una vez que se vio entregado a Tánatos, es decir, una vez que vio que iba para allá, le pidió a su esposa que no realizara en nigún caso el sacrificio habitual que se hacía tras la muerte de un ser querido. Ella hizo caso a su esposo. Y el espabilado de Sísifo, una vez que estaba en el infierno, se quejó a Hades, dios de los muertos, de que su esposa no estaba cumpliendo con su obligación de realizar el correspondiente sacrificio. El nota era desde luego un artista. Este en lugar de en Grecia era digno de haber nacido en la Macarena.
Qué paliza no le daría al dios de los muertos para que este le permitiera volver momentáneamente a su tierra, a Corinto, con el único objetivo de persuadir a su esposa para que ésta cumpliera con su obligación de realizar el sacrificio. En otras palabras, que fue un momento a por tabaco.
Lógicamente no volvió al inframundo.
No volvió hasta que llegó Hermes, pero no Govantes no, sino el dios griego y lo devolvió al infierno.
Una vez allí fue castigado severamente por Hades. No se sabe si Hades fue enviado a la “nevera” por tonto. Eso no lo aclara la mitología griega. Pero como digo, Sísifo sí fue castigado. En concreto fue castigado a subir una enorme ladera empinada, cuesta arriba, empujando una enorme piedra. Pero lo peor de todo era que al llegar al cima la piedra caía hacia abajo y Sísifo tenía que descender y comenzar de nuevo a empujar.
Ese fue su castigo. No moriría pero vagaría eternamente montaña arriba y abajo. Empujar, empujar, empujar…
Pero algo que no aclara tampoco la mitología griega es por qué al llegar arriba la piedra enorme volvía a caer, una y otra vez. Existen rumores, pero solo son eso, rumores.
Dicen esos rumores que en la cima de la montaña, había un león enorme, un león que de un rugido hacía del esfuerzo de Sísifo una inutilidad. Y Sísifo volvía a subir una y otra vez, subestimando al león, con arrogancia, con la arrogancia que gastaba en sus momentos de esplendor. Sin embargo, allí, en el inframundo, su arrogancia no hacía más que enfurecer cada vez más al león.
Si muchachos, la mitología griega nos aporta muchas enseñanzas. Hay tantos dioses y tantos mitos que podemos adaptar cualquier situación al Olimpo.
Y ahí estamos los rojiblancos empujando y empujando. Aunque últimamente, por mucho que empujamos, al final se nos cae la piedra. Y volvemos a empujar. Y se vuelve a caer la piedra. Y es que cuando llegamos a la cima hay allí algo con una boca enorme, que cada vez que la abre se nos duplica el peso de la piedra y nos complica todo.
Seguramente Sísifo, el de Corinto, pensaba que actuaba correctamente. Es posible también que tuviera muchos lametraserillos que le reirían las gracias, que le justificarían todas sus actuaciones, incluso con argumentaciones ridículas. Incluso su esposa se vio engañada y obligada a expiar una culpa que no le correspondía. Finalmente, cuando Sísifo cae en el bochorno generalizado, todos los que le rodean son arrastrados a ello de una u otra forma. Pero lejos de entonar un mea culpa y aprender, Sísifo es osado y no cambió jamás.
Sin embargo, en la vida, finalmente casi siempre se impone la cordura de la coherencia, aunque a veces cuesta mucho porque hay muchos dispuestos a justificar a Sísifo a cambio de una caricia.
Pero no importa. Dado que nuestra misión es empujar, seguiremos empujando. Empujar para ayudar a lo que quieres es digno, por muchos Sísifos que existan que te pidan empujar y después “colaboren” igualmente a que se te caiga la piedra o a que el esfuerzo tenga que ser duplicado.
Empujar al Sevilla. Eso es para los sevillistas como picar para el escorpión. Nadie tiene que enseñarnos.
¡¡ Será por empujar al Sevilla !! Si empujamos en la Etapa Oscura.
Seguiremos empujando.
Marzo 10th, 2009
Salí a la calle temprano el domingo día 8 de febrero. Sinceramente, si no es por no perder el número correspondiente de la colección que el diario El Mundo está editando dedicada al Boss, no hubiera comprado el periódico ese día. Después de que el Betis ganara en Nervión, la verdad, lo menos que me apetece es flagelarme viendo páginas deportivas.
Sin embargo, con total deportividad, fui al Horno de San Buenaventura de Castilleja para felicitar a dos buenos béticos que regentan ese magnífico templo del café y la tostada con jamón. Lo cortés no quita lo valiente y al igual que ellos me han “soportado” tantas veces últimamente, era de recibo presentarme allí lo antes posible, para no dar mayor trascendencia al asunto.
Pero lo que más me llamó la atención de esa mañana fue un extraño olor que flotaba en el ambiente. Realmente olía a algo peculiar, pero no atinaba a descifrar lo que era. Transcurrido un tiempo no pude soportar más la intriga y comenté en la barra del bar:
“Perdona Alberto, ¿no huele hoy a algo extraño por aquí?”
Alberto casi no había comenzado a girarse hacia mí, tras escuchar la pregunta, cuando un señor de unos 60 años que daba buena cuenta de un café y un mollete de Antequera con aceite y jamón, me miró y solemnemente me dijo:
“A qué va a oler mi arma. Huele a alcanfor. No ves que ésta gente han sacado hoy las camisetas del cajón después de una hartá de tiempo. Hoy es el día del alcanfor“.
La carcajada fue generalizada en el Horno. ¡¡¡El Día del Alcanfor!!!. 8 de febrero de 2009, Dia del Alcanfor. No se puede tener más arte para exponer una situación real. Y es que, realmente, lo que llevan pasado los béticos ha sido un castigo tan duro, tan cruel, que uno siente hasta un cierto sentimiento fraternal cuando ve a tantas criaturas disfrutando una simple victoria por 1-2, después de haber estado todo el partido encerrados en su campo, como si de un título se tratara.
El ambiente de guasa se encendió en la barra del Horno. Esa guasa que a mí me encanta. Y de repente, otro orgulloso sevillista se acercó al meollo del cachondeo y contó una anécdota, verídica según él, que había vivido la noche anterior tras el final del partido.
No se si conocen la Peña Sevillista Ramón Sánchez Pizjuan de Castilleja de la Cuesta. El que no la conozca decirle que solo hay cinco metros escasos entre la peña sevillista y la peña bética. Imaginen el cachondeo que se monta tras los derbies. Aunque el pueblo estaba expectante para ver cómo celebraba la peña bética el triunfo. Y es que hacía tanto tiempo que no lo veían que para muchos niños menores de 12 años era algo novedoso.
Pues bien, volviendo a la anécdota verídica, este sevillista que se unió a la tertulia nos contó que tras el pitido final salió raudo hacia su casa, para meterse en la cama y huir así de la decepción que le embargaba. Camino de su casa tuvo que pasar por la puerta de la peña bética. Cruzó de acera, eso sí, para no pasar demasiado cerca. Pero ello no le impidió ser testigo de una situación muy curiosa y simpática. Cuenta nuestro palangana que dos socios de la peña bética se disponían a lanzar al cielo de Castilleja un número importante de cohetes. Entonces escuchó esto:
“Quillo, venga, enciende ya esto coño”
“Si eso es lo que estoy haciendo, ¿no lo ves? Pero es que no arde. Esto no arde”
“Joder, pues vaya mierda de cohetes has comprado quillo”
“¡Pero que dices! Si no los he comprado ahora. Los compró la peña en mayo de 2006. Eran para tirarlos cuando el Sevilla perdiera la final de la UEFA. Y la verdad, hasta hoy no hemos tenido un motivo para lanzarlos. Yo creo que la pólvora ha pillado humedad o algo así”
Las risas aumentaron y fuimos varios los que le intentamos sonsacar la verdad a nuestro “garganta profunda” particular. Estábamos seguros de que era de coña y se lo había inventado. Pero de pronto, se puso serio y dijo:
“Por la gloria de mi mare coño, por la gloria de mi mare”
Y se marchó.
La verdad, no es momento de hablar de Jiménez, ni de los errores del consejo a la hora de suplir con garantías la baja de jugadores importantes. Y digo del consejo porque ahora Monchi también es consejo. No es momento de hablar de esa máxima inquebrantable que viene a recordarnos que lo difícil no es llegar sino mantenerse. No es momento de hacer leña de “nuestro árbol” caído. Ahora, lo que tenemos que hacer es sacar pecho y mostrar que estamos más orgullosos que nunca de nuestro equipo, de nuestro club, de lo que nos ha dado. Porque ahora, en los momentos de debilidad, es cuando más querrán mordernos en los tobillos.
Una derrota con el Betis en casa. 12 años después. Bueno, algún día tenía que llegar. No pasa nada. Se merecieron ganar y punto. Ahora a apretar los dientes para conseguir la Copa del Rey y la clasificación para la Liga de Campeones.
La afición no juega. Desde el club se envían continuos mensajes para que el sevillismo cumpla su parte. El sábado demostró que su parte del “contrato” la cumple con creces. Más no podemos hacer. Pero ahora, tampoco debemos hacer menos.
Ya habrá tiempo de decir cosas.
Ahora solo empujar. Es momento de empujar.
Febrero 9th, 2009
Hace ahora aproximadamente tres años que puse en marcha este blog. Fue a comienzos del glorioso año 2006 cuando comencé a experimentar con esto de expresar pensamientos propios de manera pública. Y tal y cómo imaginan, ésta afición o necesidad interior de expresar es a veces incomprensible porque te acarrea de manera gratuita un sinfín de ingratitudes y sinsabores innecesarios. Porque si eres periodista de profesión y te ganas la vida opinando, la opinión encontrada, la crítica a tus opiniones e incluso los insultos es algo que va en el sueldo. Pero hacerlo como afición sin más, no deja de tener una cierta dosis de masoquismo.
Si además las opiniones son tan críticas como las que yo suelo exponer aquí, lo anteriormente explicado toma más cuerpo aun.
Son muchísimos los insultos que he recibido. Muchos de ellos los he publicado. Digamos que casi todos. Pero algunos eran de tal grosería y mala educación que, por el mero hecho de no convertir esto en una cueva de vulgaridad, no los publiqué. Eran además excesivamente innecesarios.
El dar a este blog una línea editorial tan realista ha significado o ha supuesto para mí un “sanbenito”. Y digo realista porque yo he escrito siempre lo que he pensado en cada momento, sin ningún tipo de mano izquierda. He alabado muchas veces pero he criticado de manera implacable en muchas más. Reconozco que alagar no es lo mío. Me pongo a escribir y me surge esa tendencia ácida que muchas veces recubre de mayor agresividad si cabe a una opinión que, dicha en una conversación cara a cara, adquiere seguramente otro tono y otro significado.
Y ese “sanbenito” al que me refería me lo han colgado personas que quizás no me han entendido nunca y que por supuesto no me conocen personalmente. Un texto es muy frío y da del que lo escribe una imagen determinada la cual, como digo, puede diferir mucho de la realidad.
Otra cosa que me ha proporcionado este “invento” ha sido la animadversión de sevillistas que han visto en mí fantasmas que no son ciertos. Malos rollos innecesarios. Pero soy capaz de entender que esto haya sucedido dado que he tocado temas muy concretos de manera muy dura, siendo consciente de que todo el mundo no es capaz de absorber los “golpes” como lo hago yo. Supongo que esa necesidad de escribir, de expresar, de comentar, de dialogar, va emparejada con esa cualidad. Pero como digo, no todo el mundo acepta de la misma manera una crítica. Aparte de que cuando eres un crítico implacable, sería inadmisible no aceptar uno mismo las críticas.
Pero hay algo que sí me ha costado trabajo entender. Ha sido una de las experiencias más curiosas en estos tres años. Se trata del hecho de que algunos incluso me han tildado de anti-sevillista. Esto sí que me ha parecido alucinante. A mí, anti-sevillista. Increíble realmente.
También he de reconocer que me ha proporcionado momentos reconfortantes en forma de adhesiones. Han sido muchos los comentarios positivos hacia mí y muchos los que me han enviado comentarios que han supuesto una inyección de motivación para continuar.
La verdad es que ha merecido la pena.
Me llegó a sorprender realmente el volumen tan enorme de visitas que llegó a alcanzar el blog. Tanto que me sentí presionado injustificadamente y en junio del año pasado, sin mediar palabra y de una manera poco respetuosa, lo descolgué de la red. Era una decisión que venía madurando seriamente, lo cual de hecho comenté con varias personas. Y ese volumen de visitas alcanzado fue gracias realmente a la línea editorial que imprimí al sitio. No pasó nunca desapercibido desde luego. Ni para bien ni para mal.
A veces pienso que no hice bien al volver a retomarlo. Me vi animado quizá por algunas personas que me animaron a hacerlo. Lo hice, lo retomé. Y hoy me alegro de haberlo hecho porque comprendo que en aquel momento no se había cerrado aun el círculo. Lo cerré en falso.
Aunque lo que se ha llevado la palma ha sido todo lo que ha acontecido en torno a la figura del presidente José María del Nido. Este si ha sido el eje sobre el que ha girado siempre este punto de opinión. Muchos me han acusado de odiar a José María del Nido, a lo que yo siempre he contestado que no era cierto. Lógicamente mi desmentido era estéril porque nunca he sido capaz de convencer a nadie de ello. He llegado incluso a aseverar que para mí no existe actualmente nadie cómo Del Nido para manejar el club. Pero ello no está enfrentado con el hecho de aportar o expresar actuaciones, factores, acciones o decisiones que no me han parecido de recibo por parte del máximo mandatario de mi club. Y digo “mi club” porque el Sevilla es algo mío.
Realmente José María del Nido, lo vuelvo a repetir, ha transformado al Sevilla para bien. Pero, según mi opinión, hay todavía unos escalones que subir para poder llegar a la excelencia. Es mi opinión. Otros tendrán otra distinta. Les animo a poner en marcha un blog y expresarla.
Pero a pesar de todo, hoy sé que ha merecido la pena.
Hay algo importante que sucedió en mi conversación con el presidente, mantenida cómo sabéis el pasado día 30 de diciembre en el Bestiario. No lo quise publicar aquí en aquel post porque quería esperar a que se hiciera realidad. Hoy ya puedo hacerlo.
El presidente Del Nido, al que odio según algunos, hacia el que tengo animadversión según otros, al que quisiera ver fuera del club según también algún que otro, tuvo la deferencia de invitarme personalmente al Palco de Honor del Ramón Sánchez Pizjuan. Me solicitó mi teléfono para ello. Yo en principio me quedé un poco sorprendido y fuera de juego. Le comenté que realmente no era algo que hiciera falta. Pero insistió. Y lógicamente le di mi teléfono. Me dijo que me llamarían del club para ello.
Al día siguiente, con la resaca, llegué incluso a pensar si aquello fue real o lo había soñado. Sin embargo, el jueves pasado, cumpliendo escrupulosamente su palabra, recibí una llamada del responsable de protocolo del palco anunciándome que el presidente se había dirigido a él personalmente, facilitándole mi teléfono para que me invitara a mí y a un acompañante a ver el partido contra el Numancia en el palco de honor.
Por supuesto que acepté. Y no porque me llamara mucho la atención ir al palco, no. Ya fui muchas veces cuando estuve de dirigente de la Federación de Peñas. Eso sí, he de reconocer que de aquella época a ésta, sinceramente, parece hasta otro estadio. La noche y el día en todo. La organización impecable. La atención digna de elogio. Acepté realmente porque hubiera sido de un enanismo mental tan grande no aceptar, que ruborizaría al más engreído de los engreídos.
Fui acompañado de mi mujer, la cual quedó impresionada con la educación y amabilidad con la que la trató José María del Nido. Fue una experiencia reconfortante.
La conclusión de todo esto es que la máxima figura del Sevilla Fútbol Club, al que he criticado en muchas ocasiones duramente, al que he tildado en tantas ocasiones de actuar con chulería, con prepotencia, con egolatría, al que he criticado tantas decisiones y también he elogiado cuando ha sido necesario, en definitiva, el Presidente del Sevilla Fútbol Club mejor que mis ojos han visto y desgraciadamente verán, me invita a mí personalmente al Palco de Honor. A mí, a un simple sevillista de a pie que no tiene acciones, que no pertenece a ningún grupo de ningún tipo, que camina totalmente independiente de todo, un sevillista sin más que lo único que hace es expresar sus pensamientos, de manera acerada sí, pero solo con un objetivo en su interior: que el Sevilla Fútbol Club sea cada vez más grande.
¿Por qué me invitaría José María del Nido al Palco de Honor? ¿Por qué me ha tratado con esa elegancia a mí, al proscrito y denostado por muchos? ¿Será quizá porque él sí ha sabido captar y valorar justamente, realmente la esencia de lo que quiero expresar?
Realmente no le he preguntado el porqué. Pero no me importa. Lo que verdaderamente me importa es haber comprobado que ha merecido la pena.
Ahora sí se ha cerrado el círculo.
Enero 19th, 2009
No hace mucho tiempo me sentaba en mi asiento del estadio RSP con una enorme tranquilidad. Me sentaba con la tranquilidad de saber que ganábamos el partido con toda seguridad. Sí o sí, cómo diría el presi. Sabía que nuestros jugadores solo veían a once jugadores enfrente y encima estaban convencidos de que ellos eran mejores, estaban convencidos de que podían ganarle a cualquiera. Y lo demostraban. Era una época en la que la gente, la afición, los sevillistas, nos mirábamos durante el descanso con el asombro en el rostro, con la sonrisa de oreja a oreja. La ilusión rebosaba por los poros del sevillismo. Éramos testigos de excepción de algo que posiblemente sea imposible de repetir. Estábamos siendo testigos de un fútbol de muchos quilates, de un fútbol que estaba sorpendiendo a toda Europa y también a todo el mundo del balón. Cuando terminaban los partidos la ilusión y la sonrisa de oreja a oreja perduraba. La gente se saludaba y el comentario generalizado era: “Increíble, increíble. Qué espectáculo”.
Te parabas a tomar una cerveza y una carnecita en La Despensa, donde Paco y Mario te atienden como los ángeles, y se respiraba euforia, alegría, ilusión. Porque además de resultados, el Sevilla Fútbol Club nos regalaba un auténtico espectáculo.
No quiero entrar ahora a analizar motivos, pero la verdad es que esa sensación mágica no se disfruta ahora. Eso es una verdad, una obviedad incontestable. Hoy la gente no siente aquello, ni algo parecido.
El resultadismo es una excusa para apaciguar los ánimos. Pero es muy complicado, por no decir imposible, que el resultadismo frío nos reporte aquel mágico estado permanente de extasis colectivo.
Si a mí me preguntan: ¿Qué prefieres jugar bien y perder o jugar mal y ganar? Yo respondería: Jugar bien y ganar.
Ayer, disfrutando con la victoria del Sevilla en Riazor, en el descanso, uno de los asistentes en la Peña de Castilleja de la Cuesta se levantó, se puso el abrigo y se despidió. Otro le preguntó que por qué se iba ya a lo que aquel respondió: “Yo me voy ya a mi casa, a dormir. Total, esto ya está ganado”
Y es que el resultadismo llevado a la máxima expresión puede estar reñido con el propio espíritu del fútbol, que cómo todos sabemos, es un espectáculo.
El día de la ida en nuestro estadio, el aspecto de las gradas era patético. “Esto es por culpa de tanta televisión”, argumentaba uno de los allí presentes. A lo que otro le respondió: “Que no tío, que no, que cuando éramos una apisonadora nos televisaban también y las gradas se llenaban siempre”.
Yo estoy totalmente convencido de que todos los sevillistas sin excepción saben que esto que escribo es verdad. Pero el cisma que se ha generado en torno a la figura de Jiménez o en torno a la decisión del director deportivo es enorme y ha dividido de tal manera al sevillismo hasta el punto de que un defensor de Jiménez te manda un SMS cuando gana el Sevilla en plan jocoso o resentido, imaginando que esa victoria le ha podido sentar mal al sevillista que no confía en el entrenador. Hasta ese punto ha llegado esta cuestión.
Aquella situación de éxtasis permanente que vivimos no es equiparable al dato de tener más o menos puntos en la misma jornada de entonces. Yo al menos no siento lo mismo. Pero evidentemente, el hecho de estar situados a estas alturas en posición de liga de campeones me reporta tranquilidad. Me reporta tranquilidad pero no me reporta éxtasis o disfrute. El éxtasis te lo reporta un fútbol maravilloso o la consecución de títulos. El Sevilla, este Sevilla, está construido para estar arriba por lo que no se puede tildar de éxito el simple cumplimiento de su obligación.
Estoy convencido de que quienes intentan equiparar las dos épocas, aportando estadísticas y datos fríos solo consiguen aumentar y agrandar el problema. Hay cosas contra las que no se puede luchar con números amigos.
Y ahora voy a decir que ayer me sentí orgulloso de mi equipo. Ayer, en Riazor, el Sevilla se plantó en el césped, desde el primer suspiro de encuentro, mirando al rival a los ojos y diciéndole descaradamente: “Esto es mío”. Y eso se notó. Eso se nota.
No sé que pasó en el vestuario durante el descanso del partido de liga en Riazor. Cómo decía en mi anterior post, se ha producido una metamorfosis. Los segundos 45 minutos de aquel partido y los 90 del partido de ayer fueron un bálsamo para el sevillismo porque pudimos recordar por momentos a aquel rodillo, salvando las distancias. 135 minutos en total que deben servir para el resto de temporada. 135 minutos que deben hacerle ver a Manolo Jiménez que tiene en sus manos una máquina de hacer fútbol, que no debe temer a nadie, que debe plantear los partidos de manera valiente, sin pensar qué equipo está delante. Podemos.
Otro paso atrás sería demasiado duro. El sevillismo no entendería nuevos fiascos como los que hemos tenido que soportar este año. Todos debemos entender que vamos a clasificarmos para liga de campeones sin problema alguno. Y todos debemos darnos cuenta de que la Copa del Rey de este año es nuestra de nuevo. El Valencia solo es nombre, solo es historia. Pero sobre el césped no es superior a nosotros. Si nos quitamos de enmedio al Valencia, de momento la final estaría asegurada. No es prepotencia, es lógica. ¿O es que el Athletic de Bilbao o el Sporting de Gijón podrían superarnos en semifinales? Pero Jiménez y Del Nido, publicamente, deben enviar un mensaje de prudencia, de humildad, para no motivar de manera innecesaria a los rivales. Ese debe ser el mensaje oficial inteligente. Pero para ti y para mí: este año la Copa del Rey es nuestra.
Sí, es cierto, estoy subidito. Pero tengo motivos porque ayer vi a un Sevilla muy poderoso y me dio la sensación de que no va a abandonar más esa senda este año.
135 minutos han acuñado una renacida esperanza. Cruzaré los dedos.
Enero 15th, 2009
Fue pitar el final del partido el árbitro y un señor que estaba viendo el partido, sentado detrás de mí, en el salón de socios de la Peña Sevillista de Castilleja de la Cuesta, sentenció de manera enigmática:
“Después de este partido tengo más claro que nunca que de fútbol no tiene nadie ni puta idea”
Yo le miré y le asentí con la cabeza. Lo que había dicho desde luego cobraba en ese momento más realidad que nunca. Y es que tras ver la primera mitad del partido, todos los sevillistas presentimos lo peor de nuevo, es decir, otro partido a la basura y el cisma y la crispación más agigantada que nunca. Quién nos iba a decir en ese instante que la segunda mitad del encuentro sería el negativo, o mejor dicho, el positivo de la primera.
Creo que es de justicia decir que si los cambios que realizó ayer Manolo Jiménez los hubiera hecho en su día Juande Ramos y el resultado hubiera sido el mismo que ayer se dio, hoy estaríamos alucinando por cómo Juande era capaz, con cambios sorprendentes, de variar completamente el rumbo de un partido. Ayer Jiménez retira a Luis Fabiano y el brasileño sale del campo cabreado, tónica bastante común últimamente. Minutos después, un centro desde la derecha de Navas se pasea por las cercanías de la portería de Aranzubía, sin que nadie vestido de rojo estuviera allí para enviar a la red ese balón. El grito en Castilleja fue unánime: “¡¡¡Ahí tenía que haber estado Luis Fabiano!!!”. Los ánimos se caldearon enormemente contra Jiménez en ese instante. Sin embargo, Renato se fue hacia delante y finalmente, gracias también a un metamorfoseado Palop, a un impresionante Navas y sobre todo a un Kanouté grandioso, el Sevilla recordó al que no hace tanto tiempo fue. Ya lo dije hace poco en otro post: La Vieja Guardia.
Y es que Jiménez, desde el primer momento, está emperrado en no aprovechar al máximo el gran potencial del equipo que tiene en sus manos. Él mismo ha quemado su crédito con planteamientos cobardes. Es una pena que tengamos que hacer el ridículo en un partido para que al siguiente, presionado por el ambiente, sea más valiente y entonces aparezca el espíritu verdadero del equipo. Siempre igual. Es un diente de sierra. Ridículo, éxito, ridículo, éxito…
Me gustaría que alguien me explicara por qué en Valladolid, ganado 0-2, expulsan a Luis Fabiano y a partir de ese momento el equipo se desmorona y ayer, perdiendo, nos quedamos igualmente con diez y el equipo resurge con casta y coraje, dándole la vuelta al partido. No tiene explicación posible más que una: Manolo Jiménez no ha sabido nunca mantener en vilo la actitud de la plantilla.
Decía el otro día Pep Guardiola que a los técnicos y sus planteamientos los hacen buenos o malos los jugadores. Ante ésta humilde y maravillosa lección de un increíblemente inteligente y sorprendente Guardiola, un periodista le cuestionó lo siguiente: “Entonces, ¿para qué están los técnicos Pep?”, a lo que Guardiola respondió: “Los técnicos estamos para estar pendientes en todo momento de que los jugadores mantengan siempre su actitud al 100%”.
Ese ha sido el gran fracaso de Jiménez, es decir, que nunca ha sido capaz de conseguir el verdadero liderazgo de un grupo, que nunca ha sabido mantener al rojo vivo la actitud de la plantilla. Por eso, en muchos partidos el equipo ha parecido otro distinto. De ahí esas enormes fluctuaciones en el rendimiento.
Porque una cosa es evidente: la plantilla tiene calidad de sobra. Y sobre todo del centro del campo hacia arriba, espacio en el que muy pocos equipos en el mundo tienen el potencial que nosotros tenemos con Kanouté, Renato, Adriano, Capel, Navas y Luis Fabiano.
Ayer sucedió algo sorprendente en la segunda mitad. Renació el espíritu del Gran Sevilla. Kanouté fue desde luego el artífice. ¡Qué grande es Kanouté! ¡Qué pedazo de jugador de fútbol!
45 minutos para despejar muchas dudas. Pero sobre todo una: ¡¡¡El sevillismo tiene razón cuando se queja, joder!!! Que hay equipo para no hacer el ridículo. Que hay jugadores para salir siempre a ganar, sin importar qué rival esté enfrente. Y que las críticas a Jiménez las merece completamente y ello queda corroborado precisamente con la segunda parte del partido de ayer en Riazor.
Ya he escrito en varias ocasiones que el sevillismo no es imbécil y no se le puede engañar como a niños de teta. Ya he dicho en muchas ocasiones que el sevillismo estaría encantadísimo de idolatrar a Jiménez. Yo el primero. Pero no por ser uno de los nuestros, por ser muy sevillista, por ser del Arahal o sandeces de ese tipo. No. Estaríamos encantados de idolatrarlo si hubiera demostrado desde el principio que era digno del legado que recibía. Un enorme legado. Pero lejos de eso, ha generado muchas dudas, recelos y desconfianzas. Y eso lo ha conseguido solo él. No busquen culpables en otra parte.
Estamos situados en la clasificación en una posición envidiable. Pero, tras ver lo que el Sevilla fue capaz de hacer en la segunda parte del partido de Riazor y acordarme de partidos infames que hemos tenido que soportar este año, ¿no es cierto que la distancia con los perseguidores debía ser mucho mayor? Esa es la cuestión y no conformarnos con la posición, sin analizar más nada.
Enero 11th, 2009
Previous Posts